martes, 17 de febrero de 2015

Tormenta

“Ha abierto los ojos dos minutos antes de que le sonara el despertador. Cada lunes le pasa igual, dos minutos antes de las ocho de la mañana se despierta y ya no se puede volver a dormir, sólo que hoy lo ha hecho agitado por el ruido del viento. Toda la noche ha oído cómo las ramas de los árboles que rodean su casa se agitaban y ha notado cómo se colaba un ligero soplido por debajo de la puerta, una voz ronca que resonaba en todos los rincones de la habitación, como si detrás del armario o debajo de la cama se escondiera un hombre alto y gordo con un altavoz, susurrando y gritando a la vez. Sin querer se está volviendo a dormir pero lo que le despierta, a las 8 de la mañana del lunes 2 de febrero, no es el despertador: es la ráfaga de viento más fuerte que ha oído nunca. Abre los ojos y mira aterrorizado a su alrededor…”
Se despierta y se da cuenta que era un mal sueño. Se pone en pie y  mira por la ventana, pero no ve nada, aún es oscuro. El viento sopla cada vez más fuerte, sin parar.
Ya eran las 9 y Pablo mira por la ventana, ve unas nubes y los relámpagos que llegaban hasta la tierra. Poco a poco la tormenta iba en peor y se acercaba cada vez más.
La tormenta empezó no paraba de llover, los relámpagos cada vez eran más bestias, llovía tanto que las calles se empezaron a inundar. Pablo estaba cada vez más asustado, intentaba creer que era un mal sueño, e intentaba despertar de ese horrible ‘sueño’, hasta que se dio cuenta que era realidad, un huracán se acercaba.
Pablo bajo al garaje cogió el coche y se marchó, coge la autopista A-7 dirección Lérida para escaparse del huracán, tenía mucho miedo.  Pero Pablo no sabe que los huracanes son más rápidos que su coche…

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