lunes, 9 de febrero de 2015

Atardecer en el pantano

Atardecer en el pantano
Ha abierto los ojos dos minutos antes de que le sonara el despertador. Cada lunes le pasa igual, dos minutos antes de las ocho de la mañana se despierta y ya no se puede volver a dormir, sólo que hoy lo ha hecho agitado por el ruido del viento. Toda la noche ha oído cómo las ramas de los árboles que rodean su casa se agitaban y ha notado cómo se colaba un ligero soplido por debajo de la puerta, una voz ronca que resonaba en todos los rincones de la habitación, como si detrás del armario o debajo de la cama se escondiera un hombre alto y gordo con un altavoz, susurrando y gritando a la vez. Sin querer se está volviendo a dormir pero lo que le despierta, a las 8 de la mañana del lunes 2 de febrero, no es el despertador: es la ráfaga de viento más fuerte que ha oído nunca. Abre los ojos y mira aterrorizado a su alrededor. Desde que compró la casa junto al pantano que le enseñó su amigo Juan, agente inmobiliario, ahora hace un año, ha vivido un sinfín de problemas y situaciones anormales que casualmente siempre ocurren los lunes. Después de esto, a Federico piensa en otras situaciones vívidas, como por ejemplo: el lunes que se cayó un trozo de tejada, el lunes que se rompieron las contraventanas del salón, el lunes que creyó  escuchar  un Lobo junto a su casa, el lunes que se encontró la televisión encendida por la mañana cuando estaba seguro de haberla apagado una vez terminado el telediario de la noche.
Después de pensarlo mucho, Federico decidió ir a hablar con los ancianos del pueblo, para intentar poner respuestas a sus preguntas. Sin embargo, ninguno de ellos aclaró la situación, pero lo único que sacó en claro fue que ninguno de los anteriores propietarios de su casa, duraba más de cinco años allí. Decidido a encontrar una solución, Federico llamó a Juan para ver si le podía poner en contacto con alguno de los antiguos propietarios. Juan, sin preguntar, le dio el teléfono de los dos últimos y Federico después de dar varias vueltas al asunto se decidió a llamar al propietario que había vivido en la casa más recientemente. Cuando llamó le contesto un hombre de mediana edad y de voz agradable que le contó que el motivo por el que dejó la casa fueron los fenómenos extraños. Tras colgar al último propietario, corrió a llamar al otro y ese le conto que a él también le ocurrían cosas como estas pero que no fue por eso que dejó la casa. Federico estuvo unos días reflexionando pero decidió que ningún fenómeno era comparable con ver esas puestas de sol des de su balconcito tomándose un buen café. Finalmente Federico se quedó.

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